VIOLENCIA DE GÉNERO EN LA WEB: QUIÉNES SON LAS PRINCIPALES VÍCTIMAS

“En Facebook, mientras estaba conectada, un señor me hacía muchas videollamadas y yo rechazaba todas sus llamadas. Contesté una y ese señor me mostró su parte íntima y al instante colgué”, contó una adolescente ecuatoriana de 15 años que conversó con Taller de Comunicación Mujer, una organización de la sociedad civil especializada en mujeres y miembros de la comunidad LGBTIQ+, desde el 2017, la ONG ha investigado los efectos de la violencia digital, a través del proyecto Navegando Libres por la Red. Su más reciente estudio indica que existe una tendencia mundial de incrementos de casos relacionados con la violencia que sucede en los entornos digitales. La pandemia y la hiperconectividad obligada por las medidas restrictivas y las formas de contener los contagios han sido elementos que han propiciado que las víctimas de este tipo de violencia incrementen.

La investigación fue realizada en Ecuador y ha revelado que la violencia de género digital afecta principalmente a niñas y niños, adolescentes, mujeres y personas LGBTIQ+ debido a la reproducción de relaciones de poder que se dan en contextos de desigualdad social. Un reflejo de ello, explican, son las amenazas, agresión y discriminación y difusión de contenidos íntimos, entre otros, tanto en redes sociales como a través de dispositivos móviles. Los impactos de este tipo de violencia se dan a nivel físico, psicológico, sexual y económico.

La violencia de género digital es toda forma de discriminación, acoso, explotación, abuso y agresión que se produce a través del uso de redes sociales, correos electrónicos, teléfonos celulares y cualquier otro medio o canal de los que comprenden las tecnologías de la información y comunicación (TICs). De acuerdo con Taller de Comunicación Mujer: “Las agresiones repercuten en la vida privada y en las relaciones sociales de manera real e inmediata en las personas: no pueden ser minimizadas ni aisladas. Se trata de la continuidad de la violencia en todos los ámbitos del desarrollo de la persona: físicos y digitales, públicos y privados”.

Una de las razones asociadas a este tipo de violencia es la brecha digital de género. Las brechas digitales se refieren a las desigualdades en el acceso y conocimientos de uso entre los usuarios por razones socioeconómicas, de género u otras. En Ecuador, 1 de cada 10 mujeres es afectada por la brecha digital de género, por ello, el objetivo del estudio y del proyecto de la ONG ecuatoriana es generar “un internet más equitativo, un internet feminista”, según se explica en la web oficial del proyecto.

Tipos de violencia

Hay varios tipos de violencia de género digital que constituyen un riesgo para los usuarios. Estos son el acoso digital, la violencia sexual, el grooming, el doxxing, el discurso de odio, el hackeo y los ataques a libertad de expresión.

A las mujeres jóvenes les afecta la violencia sexual digital, en especial la difusión sin consentimiento de material íntimo, como imágenes o videos. Las agresiones tienen que ver con la falta de comprensión de las dimensiones del consentimiento sexual y con un ejercicio de dominación sobre las víctimas que transgrede los límites sobre sus identidades y decisiones vitales, íntimas y cotidianas, de acuerdo con las investigaciones de la ONG. En cambio, a las personas LGBTIQ+ les afecta, en especial, la extorsión y difamación de carácter sexual que en la mayoría de los casos tiene que ver con su identidad y expresión de género. El control que se pretende ejercer sobre sus cuerpos a través de la violencia sexual, pasa por una intención de dominar, amedrentar y exponer en relación a su orientación sexual.

El acoso digital es cualquier tipo de hostigamiento, amenaza, agresión, difamación o extorsión que tenga por intención de discriminar, disuadir o amedrentar a una persona por razones de género. El lenguaje violento, la extorsión y difusión de información falsa; el contacto de perfiles falsos y los mensajes intimidatorios, entran en esta categoría.

Una mujer de 45 años que participó en el estudio y que fue víctima de acoso digital contó que su agresor “está ofendido conmigo o con nosotros y por eso hace esos comentarios feos en el Facebook. Los sube, los borra, otros los deja allí. Hace comentarios muy feos”. Como resultado de ese acoso, la mujer dice que los comentarios le causan temor: “Los comentarios que él publica son personas a las que están ahorcándolas o matándolas. Comentarios feos, ´rata´, comentarios obscenos, horribles (…) Él prácticamente me veía y me vigilaba con mi mismo teléfono y yo no me daba cuenta”. De acuerdo con el reporte para el Comité de Derechos Humanos sobre Violencia en contra de las Mujeres Causas y consecuencias de la violencia en línea a mujeres y niñas, el 23% de las mujeres a nivel mundial ha reportado y experimentado abusos y acoso por medio de las tecnologías por lo menos una vez en su vida.

La violencia sexual y el grooming son otros tipos de violencia en las redes sociales. De estas, la primera forma de violencia se refleja en la elaboración y difusión de pornografía no consentida, la extorsión sexual, el acoso y explotación sexual. En el Ecuador, 3 de cada 10 mujeres ha sido víctima de violencia sexual, según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. Cuando se trata de este tipo de violencia en la red, en promedio existe un 95% de impunidad en las denuncias de violencia sexual digital o en línea contra la niñez y la adolescencia, de acuerdo a los estudios de Taller de Comunicación Mujer.

El grooming, en cambio, conocido como el “engaño pederasta”, se refiere al contacto de personas adultas con niñas, niños y adolescentes, generalmente para fines sexuales o de extorsión a través de identidades falsas. Estos contactos se realizan principalmente por las redes sociales, pero también los menores que usan juegos en línea o servicios de mensajería también están en riesgo. Las denuncias sobre el grooming no han dejado de incrementarse en el Ecuador. Fueron 21 en 2014, 80 en 2015, 108 en 2016, 160 en 2017 y 203 en 2018. Lo mismo ocurre –señala el informe– con la pornografía infantil, que es el segundo delito sexual en el ámbito digital más denunciado en el país. En 2014 se registraron 16 casos pero en el 2018 fueron 105 casos. Este es el segundo delito digital que afecta a los menores más denunciado en el país.

Otras formas de violencia detectadas en la web son el doxxing que es la práctica violenta de divulgar datos personales sin autorización. También está el discurso de odio son todas las amenazas de violencia física o sexual dirigida a mujeres y población LGBTI; expresiones discriminatorias basadas en estereotipos y roles de género; acciones conservadoras y antiderechos. Los ataques coordinados y masivos; la censura de contenidos y las plataformas webs; la difusión de información falsa que afecta a una persona o grupo específico, así como los hackeos conforman la lista de agresiones en la web.

Efectos de la violencia digital

De acuerdo con la plataforma Save The Children, las agresiones que suceden en el mundo online afectan a las víctimas en su vida fuera de línea. Por ejemplo, las víctimas de estas violencias pueden presentar trastornos de salud mental como depresión y ansiedad. Además, su desarrollo intelectual puede verse disminuido, tienen dificultades para socializar, empiezan a surgir ideas suicidas, cambia y se dificulta la comunicación familiar, se aíslan y presentan constante sensación de miedo, soledad e incluso pueden desarrollar paranoia. A esto se suma la autoinculpación y el posible desarrollo de adicciones.

La primera recomendación para luchar contra estas violencias es que se “desnaturalice la idea de que las violencias de género digital por ser virtuales no son reales y, por lo tanto, no generan afectaciones en las vidas de las personas y sus entornos”, explica Taller de Comunicación Mujer. También los entes estatales y las organizaciones de la sociedad civil deberían elaborar e implementar protocolos de atención de la violencia de género digital desde el marco de los Derechos Humanos, con perspectiva de género e intersectorial y con enfoque psicosocial.

Fuente: Infobae

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